¡Hola familia!
Siempre pensé que la maternidad te cambiaba. Pero, como tantas cosas en la vida, hasta que no lo vives no entiendes el en qué sentido. Yo pensaba que el gran cambio iba a estar en el cansancio, en la falta de tiempo o en la responsabilidad de tener una vida en tus manos. Y sí, todo eso está (¡vaya si está! ¡Zas! De repente tu agenda ya no te pertenece).
Pero para mí, lo que más me ha removido las entrañas ha sido otra cosa: darme cuenta de que ser madre me ha hecho entender, por fin, a mi propia madre.
Cuando te conviertes en la persona que sostiene, organiza, anticipa y protege las 24 horas del día, de repente se te cae una venda de los ojos. Empiezas a decirte: “Ah, que por esto ella siempre estaba alerta”, “Ahora entiendo ese cansancio en su mirada”. Esa relación se vuelve más madura, más real y, sobre todo, mucho más amable.
Y es que, ahora que se acerca el Día de la Madre, me doy cuenta de que el mejor homenaje que puedo hacerle a ella (y a mí misma) no es solo recordarla con cariño, sino honrar esa herencia de entrega cuidando mi propia energía. A veces nos falta ese ‘permiso’ para darnos prioridad, y qué mejor excusa que esta celebración para recordarnos que ser madre no es olvidarse de una misma, sino florecer para poder dar mejores frutos.
El entrenamiento como salvavidas (y no por estética)
La maternidad te pone frente a un espejo que no siempre es cómodo. Te enfrenta a tu paciencia (o a la falta de ella), a tus miedos y a una trampa muy peligrosa: dejarte de lado. Es tan fácil entrar en el modo “apagar fuegos” entre el trabajo, la casa y los horarios de la peque, que cuando quieres darte cuenta, no has respirado conscientemente en todo el día.
Pero aquí es donde entra mi mentalidad PHI. He aprendido que seguir cuidándome no es un lujo, es una decisión de resiliencia. Y digo decisión porque muchas veces no sale solo; hay que elegirlo cuando el cuerpo te pide sofá.
- El cardio es mi válvula de escape: Salir a correr me ayuda a que la oxitocina haga su magia, disolviendo el cortisol del estrés. Empiezo con la cabeza hecha un nudo y termino con las ideas claras.
- La fuerza es mi pilar mental: No hablo solo de músculo. La fuerza me recuerda que puedo. Que soy capaz de sostener cargas, físicas y emocionales, sin romperme.
- La movilidad es mi mayor maestra: Porque la maternidad, como el yoga, te obliga a ser flexible. Los planes cambian, los tiempos cambian y aprender a fluir sin luchar contra la marea es la única forma de no vivir en frustración constante. Como dice el proverbio: “El bambú que se dobla es más fuerte que el roble que resiste”.
Un regalo para ti (o para ella)
Si algo he aprendido en este proceso es que ser madre suma, no debería borrar quién eres. Tus espacios, tu movimiento y tu conexión contigo misma siguen siendo vitales. Porque cuanto mejor estamos nosotras, con más presencia y energía podemos acompañar a los que amamos.
Por eso, para celebrar este aprendizaje y honrar a todas las mujeres que sostienen (y a las que nos sostuvieron), he querido preparar un regalo muy especial:
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Es la oportunidad perfecta para hacerte con el pack de PHI Fuerza + Vitalidad 40+. Es un programa que me encanta porque te da esa estructura que tanto necesitamos cuando el tiempo escasea, combinando fuerza, movilidad y calma para que este verano te sientas más vital que nunca.
Cuidarte no es algo que haces cuando te sobra tiempo. Es algo que necesitas hacer, precisamente, cuando sientes que no lo tienes.
Gracias por estar ahí, por dejarme compartir este pedacito de mi corazón y por caminar conmigo en esta aventura de vivir con propósito.
Con todo mi cariño,
Pau 💛









